El plumífero viajero: Milán
Son numerosísimas las marcas italianas que siguen apostando por la estilográfica, y no sólo como objeto de uso distintivo, sino como lo que es: un instrumento de escritura. Esta idea cuesta trabajo creerla hasta que se pasea por las ciudades italianas, ya que lo que a España suele llegar de la pluma transalpina es la deslumbrante pieza que pocas personas se atreverán a llevar a diario en el bolsillo. Cuando se entra en una papelería italiana se comprende rápidamente que alguien nos ha estado engañando: hay plumas Delta o Aurora desde 30 Euros, hay otras marcas prácticamente desconocidas en nuestro país que con precios muy correctos no renuncian a esa imagen que asociamos a la estilográfica italiana y que no montan los plumines "iridium point" que uniforman la pluma barata que vemos por estos lares.
Ciudades como Roma, Florencia, Siena, Venecia se presentan ante el plumífero viajero con un buen número de comercios especializados en escritura que en muchas ocasiones hacen verter lágrimas de placer. Por descontado, Milán no podía comportarse de otra manera.
Sin embargo, es posible que quien llegue a la capital lombarda sienta una cierta frustración, pues la escritura no asalta al visitante, como sí sucede en otras ciudades italianas. En Milán se hace necesario buscar, cerrar los ojos a tanto comercio de lujo, a tanta marca mítica, a tanta vorágine consumista para encontrar la esencia de nuestra afición. Por ese motivo, creo que es conveniente llegar a la ciudad con los deberes hechos, habiendo buscado previamente la localización de algunas tiendas que nos den acceso a la pluma italiana. Así lo hice yo en una escapada reciente, y valiéndome de un plano del tesoro me encaminé, seguro de mis pasos, a la búsqueda de la penna stilografiche. ¡Qué placer!

Dos mujeres, una joven y otra más madura, esperan al comprador que entra en la pequeña tienda atraído por un pequeño pero hermoso escaparate para todos los públicos: alguna pieza de alta gama, un modelo de Aurora para escribir a diario, preciosos bolígrafos arlequinados, plumas Delta, Omas, Montegrappa, Stipula, Nettuno, Visconti y las que no pueden faltar: Montblanc, Pelikan, etcétera. El plumífero viajero llega a ese escaparate y se da cuenta de que es allí donde puede encontrar la pieza que busca.
De las dos señoras, una, la más joven, no habla. Solamente sonríe y observa, pero no por eso se desentiende del viajero. Simplemente parece estar leyendo sus gustos para adecuar la oferta. Entre una y otra han radiografiado al posible comprador y empiezan a trabajar. Sacan modelos diferentes de no se sabe dónde, porque el local no promete grandes abundancias. Un abanico variopinto en diseños, materiales y precios. No fuerzan la compra, simplemente muestran su mercancía. Allí estuve un buen rato hasta que me decidí a adquirir una Delta Trend pequeñita, con cuerpo de fibra de carbono, plumín de acero y punto fino, capuchón en plata. Sí, el plumífero viajero había encontrado una estilográfica humilde para escribir aquí en Sevilla con un trozo de Milán entre las manos.











































