En el post anterior hablaba sobre la pluma que me gusta llevarme cuando salgo de viaje. El problema es que en esas situaciones puede pensarse que no hay tiempo para escribir. El constante ajetreo, las idas y venidas, las visitas, la diversión, el cambio de espacios, parece que se convirtieran en una barrera insalvable entre la realidad y la escritura. Sin embargo, a mi me gusta llevarme una estilográfica y una libretilla para ir componiendo sin prisas ni obligaciones un pequeño diario de lo que voy viendo y de lo que pienso sobre lo que voy contemplando. A menudo me sucede que capto mejor los monumentos, lugares o situaciones que vivo cuando horas o días después me siento ante la moleskine e intento describir y reflejar las sensaciones. Por ese motivo la escritura se convierte en una herramienta indispensable del viajero, supongo. La escritura se convierte en pausa necesaria que permite valorar el propio viaje, en cauce de la reflexión y, por tanto, en vehículo que permite un mayor ap...
Un lugar de encuentro para los amantes de la escritura