El amigo Juvenal me envía esta colaboración que le surgió a bote pronto y que no puedo evitar compartir con todos vosotros. -Ave María Purísima... -...sin pecado concebida, hijo mío, ¿qué te trae por aquí? -Padre, me acuso de haber abandonado a mi compañera. Bueno, la cosa es algo más compleja... Es que resulta que cuando hacíamos aquello, arañaba un poco en el roce, y además no terminaba de fluir. Yo intentaba no apretar mucho, porque ya sé que eso le hace daño... A veces probaba con el dedo humedecido y eso mejoraba un poco. Pero ya sabe, el verano, las sequedades... se estaba haciendo casi imposible hacerlo y no quería ser drástico forzándola, no quería hacerle sufrir. Pero por otra parte deseaba con todas mis fuerzas hacerlo, y los días de abstinencia se me hacían interminables... y en la confusión del deseo, intenté a sus espaldas otras experiencias... -Bueno, si no recuerdo mal, tenías otras compañeras, y hay algunos modernos que piensan que, en estado de necesidad, acudir a otra...
Un lugar de encuentro para los amantes de la escritura