lunes, mayo 21, 2007

Historia sentimental de tres plumas estilográficas

Mi muy querido amigo Juvenal me envía por correo electrónico este hermoso texto en el que demuestra una idea que él y yo compartimos: la estilográfica, su uso y disfrute, trasciende el valor de la pieza para hundirse en la historia sentimental de su propietario. Os lo dejo a continuación.

Historia sentimental de tres plumas estilográficas

Por Juvenal

Mi infancia llegó cuando las estilográficas habían cedido prácticamente todo el terreno al bolígrafo. En el buró de casa, terreno del padre al que sólo accedíamos de la mano de mi madre y siempre por causa mayor, se encontraban, jubiladas con respeto, las dos plumas de mis padres. La de él, ilustre desconocida de émbolo con daños de algún que otro accidente laboral, amigablemente maridada con la Parker de ella.

Aunque todavía se estilaba el obsequio de la pluma de cadete por la Primera Comunión, coincidió la mía solamente con dos bolígrafos, uno de ellos un Cross que sufrió las heridas del niño distraído y nervioso de siete años que era yo. Pero no cesaba en mí la admiración que provocaban aquellas dos venerandas estilográficas, que probablemente conversaban con un tintero Pelikan en retiro.

No sé si vdes., pacientes lectores, vieron la llegada de las Stypen. Coincidieron con mi atormentada preadolescencia. A falta de mejor diversión en que emplearla, mi paga de varias semanas me permitió comprar una de ellas y sus correspondientes cartuchos. Eso de los cartuchos la alejaba de los cargadores de las de mis padres, pero con un poco de trabajo pude ver los trazos de aquel plumín de latón sobre la hoja de papel. Iba descubriendo cómo adquiría soltura en el trazo, aunque no se produjera el milagro de hacer más legible mi lamentable caligrafía. Siempre supe que, en secreto, mi madre se complacía en verme ir a clase con aquella humilde maravilla de estilográfica.

Muchos años después, en una de esas herencias anticipadas que uno recibe de adulto, mi madre me hizo llegar las dos vernerables plumas jubiladas. Ni que decir tiene que están en el mejor lugar de mi magra colección, y seguirán estándolo por más que el azar me traiga cualquier joya de la escritura. Un émbolo holgado por el tiempo, un plumín torcido por el uso, representan años de trabajo extenuante y mal pagado, de la trayectoria adulta de quienes sudaron tinta metafórica al ritmo de sus plumines para que yo tuviera oportunidades de sobra, incluso para el diletantismo de escribir sobre estilográficas en el blog de un amigo, para lucir alguna que otra y acompañarme además de un bolígrafo parejo para prestar cuando hace falta.

1 comentario:

xavisalvo dijo...

Yo también, digamoslo así, he salido del cajón.

Antes de las vacaciones de verano me dediqué hacer limpieza del cajón de la mesita de noche (el mal llamado baúl de los recuerdos...) y cual es mi sorpresa, la de encontrar la estilográfica de mi abuelo (una SPECIAL 21) ésta deteriorada del saquito por el paso del tiempo y una Parker Vector (Regalo de mi antiguo trabajo intacta en su caja).

Sin más fui a la papeleria que tengo debajo de casa y compre los cartuchos de la Parker y...comenzó un idilio entre la estilografica y yo y por lo que concierne a la SPECIAL 21 hace cuatro días que la retiré de una tienda emblemática de la ciudad de Barcelona en materia de estilográficas realizando así su reparación y puesta a punto para ser utilizada.

Ahora ellas y yo somos inseparables. NO ESTÄS SOLO YO TAMBIÉN HE SALIDO DEL CAJÓN!!!